Nanomedicina de precisión para llevar CRISPR contra el cáncer de
mama
Dra. Daniela Edith Salado Leza
Universidad Autónoma de San Luis Potosí
Universidad Autónoma de Querétaro
IB. Aldo Emiliano Zaragoza
Zamora
Luis Gerardo González
Chagoya
Diego Álvarez Michel
Dr. Aldo Amaro Reyes
Dra. Vanessa Vallejo Becerra
Dr. Héctor Paul Reyes Pool
Resumen
El cáncer de mama continúa siendo uno de los principales desafíos de la medicina moderna. Aunque tratamientos como la cirugía, la quimioterapia y la radioterapia han permitido aumentar la supervivencia de las pacientes, aún presentan limitaciones relacionadas con sus efectos secundarios y su falta de precisión. La terapia génica surge como una alternativa innovadora al buscar actuar directamente sobre las alteraciones genéticas que favorecen el desarrollo del cáncer. Una de las tecnologías más prometedoras es CRISPR, una herramienta de edición genética capaz de modificar regiones específicas del ADN para desactivar genes que impulsan el crecimiento tumoral o restaurar aquellos que ayudan a proteger al organismo. Sin embargo, llevar este sistema de manera segura y eficiente hasta las células cancerosas sigue siendo un gran reto. La nanotecnología ofrece una posible solución mediante el desarrollo de nanopartículas que funcionan como vehículos inteligentes, capaces de proteger y transportar CRISPR directamente al tumor. Esta combinación abre el camino hacia tratamientos más precisos, personalizados y con menos efectos adversos, representando una de las fronteras más prometedoras en la lucha contra el cáncer de mama.Introducción
A pesar de los avances en diagnóstico y tratamiento, el cáncer de mama continúa representando un
desafío complejo, marcado por su capacidad de evolucionar, resistir terapias y reaparecer incluso
después de intervenciones exitosas. Esta naturaleza dinámica de la enfermedad ha puesto en evidencia
una realidad fundamental: tratar el cáncer no solo implica eliminar células tumorales, sino
comprender y atacar los mecanismos que las hacen persistir [1].
En respuesta a este reto, la nanomedicina ha emergido como una nueva forma de abordar la
enfermedad.
Definida como la aplicación de materiales y sistemas a escala nanométrica (una milmillonésima parte
de un metro) en el diagnóstico y tratamiento médico, la nanomedicina permite diseñar vehículos
capaces de transportar agentes terapéuticos de manera más precisa hacia los tejidos afectados,
mejorando su eficacia y reduciendo sus efectos secundarios [2].
Pero ¿qué pasaría si, en lugar de atacar al tumor con fármacos externos, pudiéramos
reprogramar o
corregir las propias células cancerosas? Esa es la promesa de la terapia génica, la cual consiste en
introducir material genético en las células del paciente para curar o combatir una enfermedad. En
los últimos años, las herramientas de edición genética han surgido como una terapia prometedora, ya
que buscan corregir o desactivar directamente alteraciones genéticas que son factores clave en la
progresión del cáncer de mama, algo imposible de lograr con terapias farmacológicas tradicionales
[3].
Hoy, esta aproximación converge con herramientas de edición genética como CRISPR
(Repeticiones
Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente Espaciadas), una tecnología capaz de modificar
regiones específicas del ADN (ácido desoxirribonucleico, molécula que almacena la información
genética de los seres vivos). Esta herramienta funciona como un sistema de precisión que permite
editar, insertar o eliminar genes defectuosos que impulsan el crecimiento tumoral. Además, facilita
el estudio de los mecanismos que originan la enfermedad, la identificación de nuevas dianas
terapéuticas y el desarrollo de tratamientos personalizados, especialmente en subtipos agresivos o
resistentes a terapias convencionales, dando lugar a estrategias capaces de actuar directamente
sobre la base molecular del cáncer [4].
En el caso del cáncer de mama, el desarrollo de vehículos nanoestructurados para la entrega
de estos
sistemas abre la posibilidad de intervenir genes clave en la progresión tumoral, marcando un avance
hacia terapias más específicas, efectivas y alineadas con los principios de la medicina de precisión
[5].

Figura 1. Convergencia entre la nanomedicina y los sistemas CRISPR para el desarrollo de terapias de precisión contra el cáncer de mama.
CRISPR como herramienta contra el cáncer de mama
El sistema CRISPR permite cortar el ADN mediante el uso de tijeras moleculares formadas por una
enzima llamada Cas9, guiada por ARN (ácido ribonucleico, molécula que participa en la transmisión y
expresión de la información genética). Gracias a este mecanismo es posible corregir mutaciones,
activar genes supresores de tumores como BRCA1 o FOXP3, o inactivar genes que promueven el cáncer,
conocidos como oncogenes. Además, esta tecnología podría utilizarse para modificar células
inmunitarias del propio paciente, como las células T, con el fin de que reconozcan y destruyan de
manera más precisa y duradera a las células cancerosas (Figura 2A y Figura 2B) [3,6].
Por supuesto, llevar estas ideas a la práctica no es sencillo. Editar genes en células
humanas vivas
presenta numerosos desafíos. Es necesario asegurar que el sistema de edición genética llegue
únicamente a las células objetivo, realice modificaciones precisas sin provocar cambios no deseados
y mantenga un perfil de seguridad adecuado para el paciente [6].
El sistema CRISPR-Cas permite realizar modificaciones precisas en el genoma, es decir, en el
conjunto completo de información genética de una célula. Su aplicación en cáncer de mama puede
seguir diferentes estrategias [7,8].
Una de ellas consiste en inactivar oncogenes mediante CRISPR-Cas9. Esta estrategia permite
cortar o
bloquear genes que favorecen la proliferación tumoral, como HER2, PIK3CA y MYC. Otra estrategia
busca restaurar genes supresores de tumores. Genes como TP53, BRCA1 o PTEN pueden ser reparados
mediante edición génica, contribuyendo a la restauración de mecanismos que frenan el desarrollo
tumoral.
Asimismo, CRISPR puede utilizarse para sensibilizar las células tumorales a tratamientos
convencionales mediante la desactivación de genes relacionados con la resistencia a la quimioterapia
o la hormonoterapia, como ESR1. De igual manera, es posible interferir con mecanismos de evasión
inmunológica mediante la modificación de genes como PD-L1, una proteína que ayuda a las células
cancerosas a evitar el reconocimiento por parte del sistema inmunitario.
En todas estas estrategias, el principal reto consiste en lograr que el sistema CRISPR
alcance de
forma eficiente y específica las células tumorales, evitando afectar tejidos sanos. Por ello, los
nanomateriales biodirigidos desempeñan actualmente un papel fundamental.
La entrega eficiente y segura de sistemas CRISPR-Cas representa uno de los mayores
obstáculos para
su aplicación clínica. Esta tecnología requiere transportar componentes de gran tamaño, como la
enzima Cas9, y moléculas delicadas, como el ARN guía, al interior de células tumorales o
inmunitarias. Además, estos componentes son susceptibles a la degradación por parte del organismo.
Por ello, el desafío actual consiste en desarrollar vehículos selectivos, protectores, seguros y
programables capaces de transportar y liberar estos sistemas de manera controlada.
En los últimos años, la nanotecnología biomédica ha surgido como una herramienta ideal para
responder a estas necesidades mediante el desarrollo de una amplia variedad de nanomateriales con
propiedades físicas y químicas adecuadas para la administración dirigida de moléculas terapéuticas,
incluidos los sistemas CRISPR [9].

Figura 2. Edición genética mediante CRISPR y su aplicación terapéutica en cáncer mediante la inactivación o corrección de genes defectuosos a través de cortes de doble cadena realizados por la nucleasa Cas9 (A). Potenciamiento de la inmunoterapia mediante la inactivación de mecanismos que permiten a las células tumorales evadir el sistema inmunitario (B).
Nanomateriales como plataformas para la entrega de CRISPR
La nanotecnología aplicada a la medicina permite crear vehículos diminutos con la capacidad de
transportar tratamientos directamente hacia los sitios donde se necesitan. Estos vehículos,
conocidos como nanomateriales, son estructuras que poseen al menos una dimensión inferior a 100
nanómetros (nm), equivalentes a una milmillonésima parte de un metro, lo que les confiere
propiedades físicas, químicas y biológicas únicas [10].
En el caso de CRISPR, estas plataformas pueden proteger los componentes del sistema frente a
la
degradación biológica, permitir una liberación controlada y programable, facilitar la
internalización celular y el escape endosomal (proceso mediante el cual el material transportado
logra salir de compartimentos celulares para ejercer su función), además de minimizar los efectos
fuera de la célula diana (Figura 3A).
Diversos nanomateriales han sido desarrollados para cumplir estas funciones (Figura 3B)
[11,12].
Entre ellos destacan las nanopartículas lipídicas, consideradas actualmente uno de los sistemas más
utilizados para la entrega de ácidos nucleicos. Debido a su alta compatibilidad con el organismo y a
su capacidad para interactuar con diferentes moléculas terapéuticas, estas nanopartículas se han
convertido en una opción atractiva para transportar componentes de CRISPR, como ARN guía, ARN
mensajero (ARNm) y complejos Cas9-ARN guía. Su éxito en las vacunas de ARNm contra la COVID-19
impulsó significativamente su desarrollo para aplicaciones de edición genética.
Las nanopartículas poliméricas constituyen otra alternativa importante. Materiales
biodegradables
como PLGA (ácido poli(láctico-co-glicólico)), PEG (polietilenglicol) y quitosano pueden formar
nanopartículas capaces de encapsular material genético de manera eficiente. Sus principales ventajas
son la estabilidad, la biodegradabilidad y la capacidad de transportar CRISPR en forma de ADN
plasmídico, ARNm o complejos proteicos.
Los nanomateriales inorgánicos también han despertado gran interés. Sistemas basados en oro,
sílice
mesoporosa o puntos cuánticos han sido estudiados como vehículos para CRISPR gracias a sus
propiedades ópticas, térmicas y estructurales. Entre sus ventajas se encuentran la posibilidad de
liberar el material genético mediante estímulos externos, como la luz, así como combinar funciones
terapéuticas y diagnósticas en una misma plataforma, una estrategia conocida como teranóstica.
Por otra parte, los nanogeles constituyen una familia de estructuras tridimensionales
capaces de
absorber grandes cantidades de agua y responder a estímulos específicos del entorno, como cambios de
pH, presencia de enzimas o especies reactivas del oxígeno. Estas características les permiten actuar
como reservorios inteligentes para encapsular y liberar componentes CRISPR de forma controlada.
Algunos estudios han demostrado que pueden envolver tanto la proteína Cas9 como el ARN guía,
formando estructuras protectoras que liberan el sistema únicamente dentro de las células objetivo.

Figura 3. Entrega de un sistema CRISPR desde un nanomaterial biodirigido hacia una célula tumoral para la edición genética (A). Tipos de nanomateriales utilizados para la encapsulación y liberación dirigida de sistemas CRISPR en células de cáncer de mama (B).
La integración exitosa entre nanomateriales y sistemas CRISPR depende en gran medida del diseño de
las nanoestructuras. Estas deben poseer características que favorezcan su circulación en el
organismo, su penetración en tejidos tumorales, la interacción con las membranas celulares y el
reconocimiento selectivo de receptores presentes en las células cancerosas, como folatos, HER2 o
integrinas. Además, deben responder exclusivamente a estímulos característicos del microambiente
tumoral, como variaciones de pH, actividad enzimática o temperatura, para liberar el sistema CRISPR
únicamente en la célula diana.
Entre las propiedades más importantes para lograr estos objetivos se encuentran el tamaño de
partícula, generalmente entre 50 y 200 nanómetros; la carga eléctrica superficial, conocida como
potencial zeta; y la funcionalización mediante ligandos capaces de reconocer receptores específicos
presentes en los tejidos tumorales [13].
Ventajas de usar nanomateriales frente a vectores virales
Tradicionalmente, los vectores virales han sido los principales sistemas utilizados para transportar
herramientas de edición genética debido a su elevada eficiencia de entrega. Sin embargo, los
nanomateriales presentan una serie de ventajas que los convierten en alternativas cada vez más
atractivas [14].
Una de sus principales fortalezas es la seguridad, ya que reducen el riesgo de integración
no
deseada del material genético en el genoma del paciente. También ofrecen una gran flexibilidad, pues
permiten transportar distintas versiones y configuraciones del sistema CRISPR según las necesidades
terapéuticas.
Otra ventaja importante es su capacidad de multiplexación, es decir, la posibilidad de
transportar
simultáneamente varios ARN guía para editar múltiples genes en una sola intervención. Asimismo,
permiten ejercer un mejor control temporal sobre la terapia gracias a mecanismos de liberación
programada y transitoria.
Adicionalmente, muchos nanomateriales presentan baja inmunogenicidad, lo que significa que
generan
una respuesta inmunológica limitada debido a sus características fisicoquímicas. Finalmente, ofrecen
ventajas desde el punto de vista de la producción industrial, ya que su fabricación puede escalarse
con relativa facilidad en comparación con algunos sistemas virales.
Estas características posicionan a los nanomateriales como candidatos prometedores para
futuras
aplicaciones clínicas de la edición genética.
Desafíos actuales
A pesar del enorme potencial de los nanomateriales en terapia génica, todavía existen importantes
retos científicos, tecnológicos y regulatorios que deben superarse antes de su aplicación clínica
generalizada.
Uno de los principales desafíos consiste en alcanzar una especificidad prácticamente
absoluta hacia
el tejido tumoral, evitando modificaciones genéticas fuera del blanco terapéutico. Asimismo, es
necesario mejorar la capacidad de penetración en tumores sólidos, donde las barreras biológicas
dificultan la llegada eficiente de los sistemas terapéuticos.
Otro aspecto relevante es la necesidad de establecer marcos regulatorios claros para evaluar
la
toxicidad, biocompatibilidad y seguridad a largo plazo de los nanomateriales. Además, la gran
variabilidad biológica entre pacientes y entre los diferentes subtipos de cáncer de mama plantea
desafíos adicionales para el diseño de tratamientos personalizados [15].
Futuro de la terapia génica integrando nanomateriales
La combinación de nanotecnología y edición genética está impulsando una nueva generación de terapias
de precisión. En el futuro podrían desarrollarse nanotransportadores personalizados diseñados
específicamente de acuerdo con el perfil genético de cada tumor, permitiendo tratamientos altamente
individualizados.
También se espera el avance de sistemas CRISPR multiplex capaces de editar simultáneamente
varios
genes implicados en la progresión tumoral. De igual manera, las nanopartículas teranósticas podrían
integrar funciones diagnósticas y terapéuticas en una sola plataforma, facilitando tanto la
detección como el tratamiento de la enfermedad.
Otra línea prometedora consiste en combinar CRISPR con otras estrategias terapéuticas, como
la
inmunoterapia, con el objetivo de potenciar la respuesta antitumoral y superar mecanismos de
resistencia que actualmente limitan la eficacia de muchos tratamientos [16].
Conclusión
El uso de nanomateriales para transportar y liberar sistemas CRISPR representa una de las estrategias
más innovadoras y prometedoras en la lucha contra el cáncer de mama. La nanotecnología proporciona
herramientas capaces de superar uno de los principales obstáculos de la edición genética: lograr una
administración precisa, eficiente y segura de los componentes terapéuticos.
Al mismo tiempo, CRISPR permite abordar la enfermedad desde su origen molecular, ofreciendo
niveles
de especificidad y capacidad de intervención sin precedentes. Aunque todavía existen desafíos
técnicos, biológicos y regulatorios importantes, los avances alcanzados durante los últimos años
muestran un progreso acelerado hacia aplicaciones clínicas cada vez más viables.
La integración de materiales inteligentes, biología molecular avanzada y medicina de
precisión tiene
el potencial de transformar profundamente el tratamiento del cáncer de mama. En este contexto, los
nanomateriales podrían convertirse en plataformas fundamentales para hacer realidad el potencial
clínico de los sistemas CRISPR y abrir el camino hacia terapias personalizadas más seguras, eficaces
y adaptadas a las características de cada paciente.
Referencias