Por qué no vas a dejar de tararear Aserejé mientras lees este artículo
Francisco Durán Ponce
Universidad Autónoma de Ciudad Juarez

Resumen

Una vivencia que se tiene día a día es el de tener fragmentos de canciones repitiéndose en nuestra mente de forma constante (imágenes musicales involuntarias – INMI o más coloquialmente conocidas como earworms). Estos tienden a presentarse en forma de bucles musicales repetitivos y, aunque existen algunos desacuerdos en cuanto a su definición y a sus causas, muy probablemente están ligados a melodías simples, con alta repetición y fáciles de vocalizar de forma inconsciente. Algunas causas propuestas de estos fenómenos incluyen al efecto Zeigarnik, donde se busca completar inconscientemente dichos fragmentos, a deseos subconscientes de cantar cierto tipo de frases sencillas y, finalmente, a la misma naturaleza de las piezas que las vuelve tan memorables. Sin embargo, aun existen brechas en el conocimiento que conllevan diversos retos y requieren algunos consensos en como definir dicho fenómeno.

Introducción

¿Alguna vez se ha despertado cantando Bohemian Rhapsody? ¿Adoptando el ritmo de una cumbia al trabajar? ¿Ha estado caminando cuando escucha Aserejé en la radio y no puede dejar de escucharla dentro de su cabeza como si fuera un tumor cerebral (quizá peor)?

Definición:

Conocidos coloquialmente en inglés como earworms, hay canciones que, lo queramos o no, permanecen en nuestra mente. A pesar de haber diversas definiciones de este término, se pueden englobar dentro del término “imagen musical involuntaria (INMI, por sus siglas en inglés)”, fragmentos musicales que se repiten mentalmente sin un esfuerzo consciente o algún estímulo externo (Williamson et al., 2011). Estos tienden a aparecer en forma de bucle, ser repetitivos y tienden a ser piezas familiares para el espectador (Liikkanen & Jakubowski, 2020). Estos bucles pueden contener brechas de silencio e interrupciones temporales (Beaman & Williams, 2009) y durar ya sea periodos cortos o, incluso, el día entero (Floridou et al., 2015) y, aunque pueden ser molestos, no se consideran como fenómenos patológicos (Liikkanen, 2020). Para términos de este escrito, se utilizarán las siglas INMI.

¿Por qué la música?

Sin embargo, vale la pena preguntarnos, ¿Por qué es la música la que permanece de esa manera? ¿Por qué no alguna conversación o un poema? ¿Qué la vuelve un estímulo tan poderoso? Estas han sido preguntas en la mente de diversos grupos de investigadores y, para muchos, lo que le da esa permanencia a la música es su estructura inherente y para eso, diversos estudios se han enfocado en diversas estructuras de la memoria, movimiento o subvocalizaciones —cuando uno canta al ritmo de esa canción— (Smith et al., 1995) a la vez de que se ha tratado de inducir ese fenómeno en condiciones controladas o al efectuar otras tareas (Hyman et al., 2012; Beaman et al., 2015). Sin embargo, su estudio se ha complicado debido a que necesita que el mismo sujeto de estudio reporte cuando este suceda, lo que crea diversos factores que varían con cada método (Floridou et al., 2015). Sin embargo, se ha mostrado que la música que se convierte en una INMI, generalmente tiene una amplia variabilidad y depende mucho del tipo de música a la que el individuo está expuesto, su gusto personal y significancia emocional (Liikkanen & Jakubowski, 2020). Estructuralmente, vale notar que la estructura de la música: melodía, ritmo y constante repetición la vuelve óptima para provocar el INMIs, lo cual no es el caso con el lenguaje hablado, incluso en declamación (Margulis, 2013). Ayuda mucho cuando el fragmento musical no es complejo, mientras más repetitiva y fácil de cantar sea la pieza, mayores posibilidades de que se permanezca en la mente (Jakubowski et al., 2016). Asimismo sucede con piezas que ya son familiares para el receptor y que tengan letras simples y repetitivas, en especial los coros, extendiéndose incluso a piezas de un lenguaje ajeno (Williamson et al., 2011).

Factores que influyen

A pesar de que influye el estado mental del individuo, hay discrepancias en el modo en que la carga mental influye sobre los INMI. Aunque algunos autores implican una carga cognitiva baja con su aparición (Smallwood & Schooler, 2015), otros como Hyman y colaboradores (2013) han implicado también a cargas cognitivas altas. La divagación también ha recibido atención, con Smallwood (2013) proponiendo a eventos gatillo, el valor de la experiencia y la habilidad interna de la autorregulación de procesos mentales.

También se han hecho distinciones entre factores ambientales internos y externos ya que, aunque los estados emocionales predisponen a la aparición de INMIs, los eventos gatillo pueden ser externos o internos, siendo los primeros los más comunes, ya sean eventos, lugares u objetos específicos (Williamson et al., 2011): después de todo, si una pieza genera una respuesta emocional, más fácil su retención y, por ende, otro factor que influiría sería el estrés, en especial cuando genera altas cargas cognitivas. Buchanan y Tranel (2008) en un estudio encontraron que pacientes que producían una descarga de cortisol en situaciones de estrés tenían una menor respuesta de memoria (en especial a estímulos negativos), lo cual significaría que el estrés sería un factor que podría disminuir la presencia de los INMI.

Finalmente, también se han correlacionado aspectos voluntarios e involuntarios de imagenología musical con rasgos de personalidad como neurosis y la apertura a nuevas experiencias (Müllensiefen et al., 2012b; Floridou et al., 2015), así como rasgos obsesivo-compulsivos que podrían, incluso aumentar esa retención (Beaman & Williams, 2009).

Teorías propuestas

Se han propuesto diversos mecanismos para explicar este fenómeno. Uno de estos sería el efecto Zeigarnik, en el que, al recordar un fragmento incompleto de una canción, uno busca inconscientemente completarlo, lo cual podría explicar la naturaleza involuntaria, repetitiva y cíclica de esta experiencia (Hyman et al., 2012; Williamson et al., 2014).

Otra teoría sugiere que, debido a que los INMI reportados tienden a ser canciones fáciles de cantar, entonces estos surgen de un deseo inconsciente de cantar (o tararear) dichas frases (Smith et al., 1995); esto también envuelve a la articulación subvocal, donde el individuo, al pronunciar el fragmento musical, activa el bucle fonológico una y otra vez, reforzando esa información a largo plazo: si uno repite más ese pedazo de información, más lo refuerza (Beaman et al., 2015).

Finalmente, se ha propuesto que hay trozos de información inherentemente más fáciles de ser retenidos y accesados, en este caso, los fragmentos musicales. En este caso, fragmentos redundantes tienden a ser más fáciles de cantar a la par y de ser retenidos (Jakubowski et al., 2017). También, piezas musicales en donde su porción final encaja con su porción inicial tienden a volverse bucles más fácilmente, y con eso, aumentan su repetición y retención (Margulis, 2013). Se debe notar que los INMI no solo son un mecanismo de consolidación para la música en sí, si no para la información en general (Beaman et al., 2015).

Huecos en la información

Sin embargo, aún hay brechas en el conocimiento de este fenómeno debido principalmente a que no hay una teoría unificada de este (Liikkanen & Jakubowski, 2020). Esto es en parte debido a que los estudios que se han dado se enfocan en la sintomatología de estos, más que en el por qué (Williamson et al., 2014; Liikkanen & Jakubowski, 2020). También en que la terminología no es consistente: los autores no se han puesto de acuerdo en aspectos que serían importantes tales como lo que es en sí un earworm, a que se refieren como episodio y la duración de estos (Williams, 2015; Liikkanen & Jakubowski, 2020); mientras no haya un consenso respecto a esto, la investigación de este fenómeno será más compleja y avanzará a un paso más lento. Otro reto al investigar este fenómeno tiene que ver con lo subjetivo que es esta experiencia: cada individuo tiende a experimentar los INMI de formas distintas y tiende a reportarlos de forma única, dificultando el tener parámetros más unificados (Floridou et al., 2015).

Conclusión

A pesar de lo omnipresente que es este fenómeno, aun no se comprende completamente por diversas razones y, para su entendimiento, es fundamental el considerar tres cuestiones: por qué la música, por qué se da tan comúnmente y el por qué la naturaleza repetitiva de este fenómeno. El poder entender la naturaleza de los INMI nos puede proveer pistas importantes acerca de cómo contextualizamos nuestros recuerdos e incluso, nuestro concepto de música tanto como arte y de un punto de vista científico. Y, por supuesto, de por qué no puede dejar de estar tarareando Aserejé mientras termina el artículo.

Referencias

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