Préstamos relámpago: la ingeniería financiera detrás del arbitraje cripto
Dr. Víctor Morales Rocha
Universidad Autónoma de Ciudad Juárez
Lic. César Cañez Sánchez
Universidad Autónoma de Ciudad Juárez
Resumen
El arbitraje de criptomonedas consiste en aprovechar las diferencias de precio de un mismo activo digital entre distintas plataformas. En las finanzas descentralizadas (DeFi), este proceso puede realizarse mediante préstamos relámpago (flash loans), que permiten solicitar y devolver criptomonedas dentro de una sola transacción, sin las garantías tradicionales de un préstamo bancario. Este artículo explica de manera accesible las tecnologías que hacen posible este mecanismo, como la cadena de bloques (blockchain) y los contratos inteligentes, programas que ejecutan automáticamente una operación cuando se cumplen ciertas condiciones. También presenta un sistema automatizado capaz de identificar oportunidades de arbitraje y realizar operaciones mediante préstamos relámpago. A partir de pruebas reales en la red Ethereum, se analizan sus posibilidades, riesgos y retos regulatorios, así como su posible aplicación en el contexto financiero mexicano. Estos mecanismos muestran cómo la automatización y las nuevas tecnologías digitales pueden transformar algunas operaciones financieras y plantear nuevas oportunidades y desafíos para instituciones, reguladores y usuarios.
Introducción
Imagine que una casa de cambio vende dólares a 16.5 pesos y justo cruzando la calle hay otra en la
que compran dólares a 17.5 pesos. Si alguien los compra en la primera y los vende en la segunda al
instante, gana 1 peso por cada dólar. Esa idea sencilla, llamada arbitraje, existe desde hace mucho
tiempo en los mercados financieros.
Lo nuevo es lo que ocurre cuando esa misma idea se traslada al mundo de las criptomonedas.
En este
mercado, los precios cambian en milisegundos, las plataformas operan las 24 horas y no existen las
cámaras de compensación que se utilizan en las bolsas tradicionales para procesar y liquidar
operaciones. En ese entorno apareció una herramienta innovadora: los préstamos relámpago (flash
loans), que permiten a una persona pedir prestadas criptomonedas sin garantía alguna, utilizarlas
durante una fracción de segundo y devolverlas en la misma operación. Si no puede devolverlas, la
operación se cancela como si nunca hubiera ocurrido.
¿Cómo funciona algo así? ¿Por qué es seguro para quien presta el dinero? ¿Y para qué sirve,
además
de ser una curiosidad técnica? Este artículo explica el mecanismo de los préstamos relámpago,
describe un sistema real que los utiliza para realizar arbitraje de manera automatizada y reflexiona
sobre sus posibles aplicaciones en el sistema financiero mexicano.
¿Qué es la blockchain?
Antes de entrar al tema central, conviene entender la tecnología que lo hace posible. Una blockchain,
o cadena de bloques, es una tecnología descentralizada para gestionar transacciones y datos cuya
integridad es mantenida colectivamente por una red de computadoras, llamadas nodos, sin depender de
una sola entidad [1]. Funciona como un libro contable digital que se mantiene de forma colectiva
entre miles de computadoras alrededor del mundo. Cada vez que alguien realiza una transacción, esta
se agrupa con otras dentro de un “bloque”, y cada bloque queda enlazado al anterior mediante una
huella digital única llamada hash, un código generado matemáticamente que permite identificar la
información. Modificar una transacción pasada exigiría alterar los bloques posteriores y modificar
los registros distribuidos en la red. De ahí una de las características más importantes de la
blockchain: los registros confirmados están diseñados para ser resistentes a modificaciones
posteriores.
Las criptomonedas son activos digitales que funcionan dentro de estas redes. La más
conocida,
Bitcoin, surgió en 2008 como una alternativa electrónica al dinero tradicional [2], pero el
ecosistema actual incluye miles de criptomonedas distintas y, según datos recopilados en [3],
durante 2024 alcanzó una capitalización de mercado de entre 1.7 y 3.4 billones de dólares.
En 2015, una nueva blockchain llamada Ethereum amplió las posibilidades del
concepto. Mientras que
Bitcoin fue diseñado principalmente como un sistema de dinero electrónico, Ethereum permite ejecutar
programas dentro de la red. Estos programas se llaman contratos inteligentes (smart
contracts) y
son, en palabras simples, programas autoejecutables: el código verifica que se cumplan determinadas
condiciones y, cuando esto sucede, ejecuta automáticamente la operación sin necesidad de un
intermediario [4].
Las finanzas descentralizadas: bancos sin bancos
Sobre la base de Ethereum y otras blockchains similares surgió un movimiento llamado finanzas
descentralizadas o DeFi, por sus siglas en inglés (decentralized finance). Según [5], se trata de
aplicaciones, como Uniswap y SushiSwap, que ofrecen servicios similares a algunos de los
proporcionados por instituciones financieras —como préstamos, intercambios de activos, depósitos y
otros productos—, pero sin que exista un banco como intermediario. Las operaciones se ejecutan
mediante contratos inteligentes y, en muchos casos, los fondos provienen de usuarios que depositan
sus activos en fondos comunes que pueden utilizarse de acuerdo con reglas previamente establecidas
[6].
Una persona en cualquier parte del mundo, con conexión a internet y una cartera digital
compatible,
puede solicitar determinados préstamos, intercambiar activos o invertir en cuestión de segundos, sin
recurrir necesariamente a una institución financiera tradicional. Este modelo aporta tres rasgos
distintivos: las distintas aplicaciones pueden conectarse entre sí como piezas de Lego, las
operaciones quedan registradas públicamente en la blockchain y algunos protocolos permiten que sus
usuarios participen en determinadas decisiones mediante mecanismos de gobernanza digital. La
contraparte, según [7], es que esa misma libertad expone a los usuarios a riesgos técnicos y a una
protección regulatoria distinta o, en algunos casos, menor que la existente en los mercados
financieros tradicionales.
El arbitraje y por qué es difícil
Como se mencionó al inicio, el arbitraje consiste en aprovechar diferencias de precio entre mercados.
En la teoría económica clásica, [8] explicó que estas oportunidades, en mercados eficientes,
deberían desaparecer rápidamente: en cuanto alguien las descubre y las aprovecha, los precios
tienden a igualarse. Sin embargo, en mercados emergentes y muy volátiles como los de criptomonedas,
estas diferencias pueden persistir, como muestran los estudios recogidos en [9] y [10].
Tradicionalmente, hacer arbitraje implicaba tres barreras importantes. La primera es el
capital:
para que el negocio valga la pena, hay que mover montos grandes, ya que una diferencia del 0.5 %
solo deja ganancias notables si se opera con cientos de miles de pesos. La segunda es la velocidad:
en las criptomonedas, los precios cambian en fracciones de segundo y los participantes humanos no
pueden competir con sistemas automatizados [11], [12]. La tercera es la competencia: existen bots,
es decir, programas automáticos, que vigilan continuamente las operaciones de otros y, si detectan
alguna pendiente de ejecutarse, pueden intentar anticiparse o modificar el orden de las
transacciones para apropiarse de parte de la ganancia. Este fenómeno forma parte de lo que se conoce
como MEV (Maximal Extractable Value o valor máximo extraíble) y se documenta en [13].
Estas tres barreras parecían cerrar la puerta del arbitraje a quien no tuviera capital ni
infraestructura. Hasta que apareció un mecanismo que las redefinió por completo.
Los préstamos relámpago
Un préstamo relámpago (flash loan) es un préstamo de criptomonedas que se solicita, se utiliza y se
devuelve dentro de una sola transacción, en cuestión de fracciones de segundo [14]. Para entenderlo,
una analogía cotidiana puede ayudar. Imagine que alguien le presta dinero justo en el momento en que
usted ve un objeto en una subasta que puede comprar barato y revender más caro en la tienda de al
lado. Usted realiza la operación completa, devuelve el dinero con la comisión correspondiente y se
queda con la ganancia. Si la reventa no sale como esperaba, la transacción entera se deshace: ni
compró, ni vendió, ni recibió finalmente el préstamo.
Esa propiedad se llama atomicidad. Una transacción atómica en la blockchain se ejecuta por
completo
o no se ejecuta. Si en cualquiera de sus pasos algo falla, todo el proceso se cancela y el sistema
regresa al estado anterior, como si la operación nunca hubiera comenzado (Figura 1).
Figura 1: Secuencia de un préstamo relámpago en una transacción atómica. Adaptado de [15], [16].
¿Cómo puede el sistema confiar en alguien sin garantías? La respuesta está justamente en la
atomicidad: si el préstamo no se devuelve, la transacción completa se anula, incluido el préstamo
mismo. El protocolo no necesita confiar en el solicitante porque el préstamo solo queda confirmado
si los fondos son devueltos dentro de la misma transacción.
El mecanismo elimina de un solo golpe la barrera del capital. Una persona sin utilizar
recursos
propios puede solicitar temporalmente un volumen considerable de activos, realizar una operación de
arbitraje entre dos plataformas y devolver el préstamo, quedándose con la diferencia después de
cubrir las comisiones y los costos de la operación, todo en cuestión de segundos. El primer estudio
sistemático sobre este tipo de préstamos, documentado en [17], menciona que el arbitraje es uno de
sus usos más frecuentes, aunque también advierte que la misma capacidad ha sido utilizada en ataques
y manipulaciones de precios en algunos protocolos [18].
Las plataformas que ofrecen préstamos relámpago
Entre las plataformas que han ofrecido préstamos relámpago en el ecosistema de Ethereum se
encuentran Aave y dYdX. Estos protocolos funcionan mediante fondos de liquidez: usuarios depositan
criptomonedas en fondos comunes y esos recursos pueden utilizarse automáticamente bajo las reglas
establecidas en contratos inteligentes. No hay ejecutivos, sucursales ni horarios de atención
involucrados en la ejecución de estas operaciones.
Aave, descrita en detalle en [16], es uno de los protocolos más conocidos por ofrecer este
tipo de
operaciones y establece una comisión por el uso de préstamos relámpago. dYdX, por su parte, ofreció
en su momento mecanismos de préstamo con características distintas y un número más limitado de
activos. Lo importante para esta exposición es que ambos ejemplos comparten un principio observado
en [19]: los préstamos relámpago no son dinero nuevo creado de la nada, sino el aprovechamiento
temporal de fondos disponibles dentro de protocolos descentralizados, mediante una transacción que
garantiza que se cumplan las condiciones establecidas antes de quedar confirmada.
Un sistema real construido sobre estas ideas
Para mostrar cómo se conectan estos conceptos en la práctica, se desarrolló un sistema que detecta diferencias de precio entre plataformas de intercambio descentralizado, solicita un préstamo relámpago, ejecuta la operación de arbitraje y devuelve el préstamo con su comisión, todo de manera automatizada (Figura 2).
Figura 2: Arquitectura del sistema de arbitraje automatizado. Componente fuera de la cadena (off-chain) para monitoreo y toma de decisiones y componente dentro de la cadena (on-chain) para la ejecución, conectados a protocolos sobre Ethereum. Elaboración propia.
El sistema consta de dos partes que trabajan en conjunto. Una vive fuera de la blockchain
(off-chain): un programa que vigila continuamente los precios de 39 monedas digitales en 27
plataformas distintas. Cuando detecta una diferencia lo suficientemente grande como para que la
ganancia supere los costos de la operación, calcula la mejor ruta de intercambio y prepara una
propuesta. La otra vive dentro de la blockchain (on-chain): dos contratos inteligentes que reciben
la propuesta, solicitan el préstamo, ejecutan los intercambios y devuelven los fondos. Si en
cualquier momento la diferencia de precio desaparece o algo falla, la transacción se cancela
automáticamente y el sistema solo asume el costo computacional asociado al intento.
El sistema incorpora además una protección frente a los bots que vigilan las operaciones
para
anticiparse a ellas. En vez de enviar la transacción a la cola pública, donde puede ser observada
antes de su ejecución, la envía mediante Flashbots, una infraestructura que permite transmitir
transacciones de manera privada para reducir su exposición antes de que sean incluidas en un bloque.
Resultados
Durante la fase de pruebas se documentaron escenarios reales de operación. En el primero, el sistema
detectó una oportunidad entre dos plataformas, validó la rentabilidad, solicitó el préstamo, ejecutó
los intercambios y devolvió el capital en una sola transacción. La ganancia neta fue modesta, de
aproximadamente medio dólar, pero la operación quedó registrada de forma permanente en el bloque
número 22,584,625 de la blockchain de Ethereum, donde cualquier persona puede consultarla. La prueba
demuestra, en condiciones reales de mercado, que un sistema sin utilizar capital propio para
financiar la operación y sin intervención humana durante su ejecución puede obtener ganancias
mediante arbitraje.
Enlace de consulta en Etherscan
En otros escenarios, el sistema decidió no ejecutar operaciones porque los costos superaban la ganancia esperada o reaccionó adecuadamente cuando la oportunidad desapareció antes de poder aprovecharla. En estos casos, la operación no llegó a completarse, de acuerdo con el principio de atomicidad.
¿Por qué debería importar?
Más allá de la curiosidad técnica, los préstamos relámpago tienen tres implicaciones que conviene
considerar.
La primera es conceptual. En el sistema bancario tradicional, prestar dinero exige evaluar
la
solvencia de quien lo recibe, exigir garantías y cubrir el riesgo de impago mediante intereses y
otros mecanismos. Los préstamos relámpago demuestran que, en ciertos contextos muy específicos,
parte de esa función puede sustituirse por una propiedad técnica del medio. Es un cambio de
paradigma limitado pero significativo: la confianza en el solicitante se reemplaza por las reglas de
ejecución de una transacción atómica.
La segunda es financiera. En el sector mexicano, estas tecnologías plantean preguntas
concretas. De
acuerdo con el informe trimestral de la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro
(CONSAR) al H. Congreso de la Unión, correspondiente al primer trimestre de 2025, los activos netos
del Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR) alcanzaron 7.2 billones de pesos, con una concentración
del 51.6 % en deuda gubernamental nacional [20] (Figura 3). Estrategias automatizadas como las
descritas, sujetas a una evaluación rigurosa de sus riesgos, supervisión regulatoria y custodia
institucional, podrían estudiarse como posibles complementos marginales de los instrumentos
tradicionales de las Administradoras de Fondos para el Retiro (AFORES). Falta, sin embargo, un marco
normativo claro y prácticas de auditoría comparables a las que rigen otros instrumentos del sistema
de pensiones. Sin esas condiciones, el potencial técnico difícilmente podría traducirse en
beneficios para los ahorradores.
Figura 3: Composición de los activos del SAR durante el primer trimestre de 2025. Fuente: CONSAR [20], Cuadro 3-5.
La tercera es regulatoria. Los contratos inteligentes no necesariamente constituyen contratos legales en sentido estricto [21], pero se ejecutan automáticamente mediante código. Esta diferencia entre ejecución tecnológica y reconocimiento jurídico exige construir marcos normativos que consideren la naturaleza técnica del instrumento sin dejar vacíos de supervisión.
Conclusión
Los préstamos relámpago son un ejemplo concreto de cómo una propiedad técnica de la blockchain, la
atomicidad, permite realizar una operación financiera que no tiene un equivalente directo en la
banca tradicional. El sistema descrito demuestra que esta tecnología puede funcionar, producir
resultados verificables y abrir un camino hacia aplicaciones de mayor escala. Persisten, sin
embargo, limitaciones operativas relevantes: congestión de la red, costos variables, dependencia de
infraestructura externa y la necesidad de un marco regulatorio aún en construcción.
La evidencia disponible justifica avanzar hacia preguntas más específicas sobre cómo
evaluar,
supervisar e integrar este tipo de mecanismos en infraestructuras financieras de uso público. ¿Es la
atomicidad una propiedad lo suficientemente robusta para sostener instrumentos financieros
utilizados por millones de personas? La respuesta corresponde parcialmente a la investigación
técnica, pero también al diseño de la regulación y, en última instancia, a la disposición de las
instituciones para explorar soluciones provenientes de un terreno aún poco conocido.
Referencias