Materiales orgánicos para una electrónica sostenible: aplicaciones en
dispositivos vestibles
Dr. José Antonio Ávila Niño
CIATEQ
Resumen
La creciente demanda tecnológica ha impulsado la búsqueda de materiales más sostenibles que puedan complementar o sustituir al silicio y otros materiales utilizados en la electrónica convencional. Entre las alternativas más prometedoras se encuentran los polímeros semiconductores, materiales orgánicos capaces de conducir electricidad bajo determinadas condiciones y que pueden procesarse mediante técnicas de impresión con menor consumo de energía. Su flexibilidad permite fabricar dispositivos ligeros y adaptables a superficies como ropa o piel, abriendo nuevas posibilidades para la electrónica vestible (wearable). En este artículo se explican las principales características y ventajas de estos materiales, así como sus aplicaciones en pantallas OLED, celdas solares, transistores y sensores. Destaca su potencial para desarrollar dispositivos capaces de monitorear en tiempo real variables relacionadas con la salud, como los niveles de electrolitos o glucosa. Aunque todavía existen retos tecnológicos, los materiales orgánicos representan una alternativa prometedora para avanzar hacia una electrónica más flexible, accesible y sostenible.
Introducción
Vivimos en una paradoja: por un lado, estamos rodeados de tecnología, como teléfonos inteligentes y
vehículos eléctricos; por otro, utilizamos elementos electrónicos que no son considerados “verdes”,
es decir, cuyo proceso de fabricación es muy costoso, requiere condiciones muy específicas y,
además, genera residuos que pueden ser perjudiciales para el medio ambiente.
La electrónica que conocemos tiene su base en el silicio, el cual se encuentra
principalmente en
forma de sílice y silicatos en piedras y rocas. Para fabricar las obleas electrónicas, que son
láminas delgadas de material semiconductor sobre las que se construyen los circuitos electrónicos,
se requiere infraestructura muy avanzada, altas temperaturas y grandes cantidades de energía
eléctrica.
Por estos motivos, muchos grupos de investigación están buscando alternativas al silicio
tradicional
para fabricar componentes electrónicos. Entre ellas se encuentran los llamados materiales orgánicos,
denominados así porque uno de sus principales elementos es el carbono, el segundo elemento más
abundante en los seres vivos después del oxígeno y el componente estructural más importante de las
moléculas orgánicas. Por el contrario, elementos como el silicio o el germanio, de amplio uso en la
electrónica convencional, son considerados materiales inorgánicos.
Para ello, se han sintetizado en el laboratorio materiales denominados polímeros, que son
moléculas
muy grandes compuestas por unidades químicas repetitivas llamadas monómeros. Existen polímeros
naturales, como el caucho, las proteínas o el ADN, pero también sintéticos, es decir, fabricados con
fines específicos, como el nailon, el PET y el poliéster, que ya forman parte de nuestra vida
cotidiana.
Los polímeros sintéticos conducen electricidad
Se ha comprobado que algunos polímeros sintéticos pueden conducir electricidad cuando presentan en su
estructura química una propiedad llamada conjugación π, que consiste en la presencia alternada de
enlaces simples y dobles entre átomos de carbono, y son dopados correctamente. Este dopaje consiste
en agregar o remover electrones mediante reacciones químicas, por lo que estos polímeros quedan
“cargados”. Cuando esas cargas reciben el estímulo de un voltaje externo, pueden desplazarse a
través de las cadenas del polímero y generar una corriente eléctrica.
Una de sus ventajas ambientales más importantes es que pueden depositarse mediante técnicas
aditivas, en las cuales solo se utiliza el material necesario para formar el dispositivo. Esto
contrasta con técnicas sustractivas como la litografía, ampliamente utilizada en la fabricación de
dispositivos electrónicos inorgánicos, que emplea procesos para formar y retirar selectivamente
capas de material y puede generar residuos potencialmente perjudiciales para el medio ambiente.
Otra de las ventajas de los materiales orgánicos, y tal vez la principal, es que pueden
depositarse
mediante técnicas de impresión que trabajan a temperaturas relativamente bajas y consumen menos
energía eléctrica, lo que puede reducir los costos de los procesos de fabricación. Además, estos
materiales pueden ser flexibles y depositarse sobre una gran variedad de sustratos o superficies,
como papel, plástico e incluso textiles o piel. Esto abre posibilidades para el desarrollo de nuevos
dispositivos denominados wearables o dispositivos vestibles.
Estos dispositivos electrónicos pueden ser portados por las personas sin limitar
significativamente
su movilidad, gracias a la flexibilidad de los materiales orgánicos. Entre ellos se encuentran
relojes, pulseras, prendas e incluso parches para la piel que podrían utilizarse, por ejemplo, para
monitorear signos vitales en tiempo real, detectar desequilibrios de electrolitos o medir cambios en
los niveles de glucosa, entre muchas otras aplicaciones difíciles de desarrollar con dispositivos
electrónicos rígidos.
Dentro de los polímeros fabricados en laboratorio también se han sintetizado polímeros
semiconductores, es decir, materiales cuya conductividad eléctrica puede modificarse mediante
diferentes estímulos y que presentan algunas propiedades similares a las de los semiconductores
convencionales, como el silicio (Figura 1).
Figura 1: Ejemplo de un dispositivo vestible basado en materiales orgánicos: un sensor de iones con polímero conductor integrado con una celda solar orgánica para su alimentación.
Los materiales semiconductores constituyen la base de la electrónica, por lo que actualmente se trabaja en diferentes partes del mundo para fabricar componentes electrónicos mediante materiales orgánicos, entre ellos los polímeros sintéticos.
Aplicaciones de estos polímeros sintéticos
Entre los dispositivos electrónicos que utilizan materiales orgánicos se encuentran las pantallas
OLED (organic light-emitting diode o diodo orgánico emisor de luz) [1]. Esta tecnología ya se
comercializa ampliamente y ofrece ventajas como la posibilidad de fabricar pantallas ligeras,
delgadas y flexibles. Además, los materiales orgánicos permiten desarrollar pantallas curvas e
integrarlas en superficies no rígidas.
También se han fabricado celdas solares orgánicas para captar energía solar, transistores
y,
particularmente, sensores que, al ser flexibles, pueden interactuar directamente con fluidos
corporales. Estos dispositivos podrían utilizarse para monitorear diferentes indicadores
relacionados con la salud y contribuir a la detección temprana de algunas alteraciones.
Uno de los desarrollos recientes son los llamados transistores electroquímicos orgánicos [2],
dispositivos que utilizan polímeros semiconductores y pueden funcionar como una interfaz entre los
componentes iónicos —como el sodio, el potasio o el calcio presentes en los fluidos corporales— y
las propiedades electrónicas del polímero semiconductor. Estos transistores están siendo estudiados
como sensores iónicos para detectar desequilibrios de electrolitos en el sudor o la sangre y
representan una tecnología prometedora para el monitoreo de la salud en tiempo real.
Además, al integrar enzimas o materiales catalíticos, estos dispositivos pueden utilizarse
para
detectar biomoléculas y otros compuestos, como glucosa, ácido láctico u organofosfatos [3]–[5]. La
glucosa es una molécula fundamental para el metabolismo y sus niveles en la sangre son especialmente
importantes para el diagnóstico y control de la diabetes. Por su parte, el ácido láctico o lactato
puede utilizarse como indicador del esfuerzo físico, la fatiga muscular y determinados procesos
metabólicos [4]. Finalmente, la detección de organofosfatos, compuestos utilizados en diversos
plaguicidas, puede ayudar a identificar residuos de estas sustancias en alimentos o agua [3].
A pesar de toda la investigación realizada, aún queda mucho por hacer, ya que estos
materiales
orgánicos presentan limitaciones frente a materiales inorgánicos como el silicio. Una de ellas es
que muchos polímeros semiconductores presentan regiones con menor orden estructural, lo que puede
dificultar el movimiento de las cargas eléctricas y reducir su desempeño. En comparación, los
semiconductores inorgánicos cristalinos poseen estructuras atómicas altamente ordenadas que
favorecen el transporte de las cargas. Por ello, aplicaciones que requieren operar a frecuencias muy
altas, como los microprocesadores de alto desempeño, siguen representando un desafío para la
electrónica orgánica.
Conclusiones
Los avances en materiales orgánicos y polímeros semiconductores descritos en este artículo han
consolidado una novedosa línea de investigación para la fabricación de componentes electrónicos y
representan una alternativa a los sistemas tradicionales basados en silicio y otros materiales
inorgánicos rígidos. Su procesamiento a temperaturas relativamente bajas, la posibilidad de utilizar
técnicas de impresión, su flexibilidad y, en algunos casos, su biocompatibilidad permiten
desarrollar nuevos tipos de dispositivos y explorar procesos de fabricación con menor consumo de
recursos.
En el futuro, el reto será ampliar la fabricación de estos materiales a escala industrial,
mejorar
su estabilidad y promover estrategias adecuadas de reciclaje y manejo de residuos electrónicos, para
que una electrónica más sostenible deje de ser una excepción y pueda convertirse en una alternativa
cada vez más viable para la industria tecnológica.
Referencias