Microrredes eléctricas: Soluciones energéticas para comunidades aisladas
Dr. Armando Jiménez Zavala
Doctor en Ciencias de la Ingeniería Eléctrica por el CINVESTAV Guadalajara
Dr. Joel Salome Baylon
Doctor en Ingeniería en Electricidad
La electricidad es el motor que impulsa el desarrollo económico, social y tecnológico en el mundo
moderno, siendo esencial para la calidad de vida y progreso humano. Sin embargo, esta realidad
contrasta con la situación de millones de personas que viven en la oscuridad debido a su lejanía de
las redes de distribución de energía. Es aquí donde las microrredes eléctricas cuentan con el
potencial para transformar la vida de comunidades aisladas, cerrando la brecha de desigualdad
energética y trayendo consigo beneficios ambientales y económicos.
Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), alrededor de 775 millones de personas
carecen de electricidad, y 2,300 millones dependen de combustibles tradicionales como la biomasa,
carbón o querosén para cocinar [1].
En México, a pesar de que más del 99% de la población cuenta con acceso a la electricidad,
todavía existen comunidades rurales y aisladas que viven sin este recurso. De acuerdo con
información proporcionada por la Comisión Federal de Electricidad (CFE), en México hay poco más de
46 millones de usuarios que cuentan con un contrato de suministro de energía [2]. El programa de
Desarrollo Eléctrico Nacional (PRODESEN) en su edición 2024-2038, revela que en México se cuenta con
una cobertura eléctrica al cierre del 2023 del 99.43% de la población. Así mismo, revela que aún
existen 743,685 habitantes sin acceso las redes de distribución [3].
A pesar de la importancia que tiene el acceso y aprovechamiento de la electricidad, aún hay
comunidades y pequeños poblados que logran acceder a estos beneficios, principalmente por los altos
costos asociados a la construcción de infraestructura y a su lejanía de las redes principales.
Existe información proporcionada por la propia CFE y por el Centro Nacional de Control de
Energía (CENACE), donde dan cuenta del nivel de electrificación a nivel nacional, desglosado por
entidad federativa. Estos reportes no se actualizan con regularidad, por lo que la granularidad de
la información está disponible sólo para años previos. Sin embrago, sí se cuenta con reportes más
regulares y actualizados en donde la CFE ha indicado que el nivel de electrificación alcanza el
99.51%, al mes de julio del 2024 [2].
En la Figura 1, se muestra el desglose de electrificación por entidad federativa al 2021.
Puede observarse que cada estado presenta variaciones en el nivel de acceso a electricidad, que va
desde el 97.7% en Durango, hasta el 99.94% en la actual Ciudad de México.
Figura 1. Nivel de electrificación por entidad federativa al 2021. Elaboración propia con
datos de
CENACE.
Aunque la electrificación alcanza casi el 100%, algunas comunidades aún carecen de este
recurso
esencial. Actualmente el sistema eléctrico mexicano está compuesto por una red compleja de
infraestructura que comprende generación, transmisión, distribución y comercialización de
electricidad.
Al tratarse de un sistema que abarca todo el país, con más de 100 mil km de líneas de
transmisión,
el sistema eléctrico enfrenta desafíos inherentes a su complejidad, como son la modernización para
mejorar la resiliencia y la eficiencia energética, integración de más energías renovables en la red
y por supuesto, la expansión de la infraestructura de transmisión y distribución en áreas rurales y
comunidades aisladas.
En comunidades sin electrificación, las personas recurren a alternativas como generadores
diésel o
de gasolina, utilizados por periodos cortos para cubrir necesidades básicas. Algunos otros pueden
tener instalados sistemas de generación de energía mediante paneles solares fotovoltaicos, o
estrategias de solución provisional mediante el uso de baterías que se recargan de forma eventual.
Sin embargo, indudablemente existen comunidades, rancherías, o cabañas aisladas en las que
simplemente no se cuenta con electricidad.
La electrificación de comunidades remotas es costosa por la infraestructura requerida desde
la red
más cercana. En muchos casos, esto puede requerir tendidos de energía de decenas de kilómetros, lo
que incrementa significativamente la inversión económica necesaria
Existen programas que pretenden contribuir a cerrar la brecha en torno a la pobreza energética. El
Fondo de Servicio Universal Eléctrico (FSUE) tiene el objetivo de ampliar la electrificación de
comunidades rurales y zonas urbanas marginadas. Para el 2024-2025 se tiene la meta de realizar 9,18
obras de extensión de red y 1,727 obras de sistemas aislados, lo que beneficiará a 585 mil
habitantes, mediante una inversión de 7,865 millones de pesos [3].
De acuerdo con información disponible en bases de datos de CFE [4], el costo de electrificación
ronda los $395,521.00 por kilómetro de línea construida en media tensión, con tres fases a 13 mil
volts, usando cable de aluminio en calibre 1/0 AWG. Adicionalmente deberán incluirse los costos de
la red de distribución en baja tensión y subestación reductora al voltaje de utilización (127V,
220V). Haciendo un ejercicio en donde se tome como caso base una pequeña comunidad, distanciada de
la red de distribución más próxima por 40 kilómetros, el costo de electrificación podría estar en el
orden de 15.7 millones de pesos. Cabe mencionar que estos montos representan el costo de instalación
de la infraestructura de transporte y suministro de energía, y debe agregarse el costo de la energía
consumida por cada usuario.
Es aquí donde las microrredes eléctricas presentan una oportunidad para lograr la
electrificación de
aquellos sitios donde por su lejanía o bien por la cantidad reducida de usuarios, resulta poco
conveniente implementar toda la infraestructura requerida para llevar energía eléctrica mediante las
redes de distribución de CFE.
Una microrred eléctrica es un sistema energético descentralizado diseñado para operar de
manera
autónoma o interconectado a las redes de distribución eléctrica. Este tipo de sistema combina
diversas fuentes de generación de energía, como energía renovable (solar, eólica, biomasa) y
convencional (diésel, gas natural) con soluciones avanzadas de almacenamiento en baterías. Además,
cuenta con su propia red de distribución para garantizar un suministro confiable de electricidad a
las cargas conectadas.
Dependiendo de su nivel de complejidad, las microrredes integran tecnologías de control
avanzadas
incluyendo algoritmos basados en inteligencia artificial, que optimizan la producción, el
almacenamiento y el consumo de energía. Estas capacidades permiten no solo gestionar los recursos
energéticos de manera eficiente, sino también generar datos predictivos que mejoran la toma de
decisiones en tiempo real.
En la Figura 2 puede observarse un esquema conceptual de la topología general de una
microrred
básica, que integra las cargas o puntos de consumo de energía, las fuentes de generación de energía,
sistemas de almacenamiento y un control o sistema de gestión del comportamiento de todos estos
componentes. Las microrredes pueden clasificarse por el tipo de energía utilizada, ya sea corriente
directa (CD), corriente alterna (CA), o una combinación de ambas [5]:
Microrredes de corriente alterna, utilizan un bus de conexión común en CA en donde se conectan todas
las cargas. Son compatibles con la red convencional, lo que facilita la integración de cargas como
electrodomésticos e iluminación.
Microrredes de corriente directa, las microrredes que funcionan sólo con corriente directa
son más
eficientes porque no requieren convertidores de energía, lo que simplifica su operación; en este
tipo de microrredes las cargas conectadas, es decir, iluminación, electrodomésticos, etc., se
conectan mediante convertidores CD/CD de alta eficiencia.
Microrredes híbridas de corriente alterna-directa, que operan con una combinación de los
otros dos
tipos mencionados, por lo que pueden integrar cargas tanto en CA como en CD así como recursos de
generación de energía y de almacenamiento; pueden integrarse también a las redes de distribución y
logran reducir pérdidas por conversión de energía al conectar los elementos en la forma más
eficiente posible.
Figura 2. Esquema conceptual de microrred. Tomado de [5].
Las microrredes eléctricas ofrecen la posibilidad de crear sistemas energéticos autónomos,
conocidos
como "off-grid" por su capacidad de operar desconectados de la red principal. Las microrredes
off-grid, típicamente utilizan fuentes de energía renovable como el sol, el viento, el agua, la
biomasa y la energía geotérmica, combinadas con sistemas de almacenamiento en baterías. Gracias a
esta configuración, proporcionan electricidad confiable y económica en áreas donde extender la
infraestructura convencional resulta inviable.
En aplicaciones industriales, donde los cortes de energía afectan gravemente la producción,
las
microrredes reducen la dependencia de la red eléctrica convencional al ofrecer seguridad y
estabilidad en procesos que requieren un suministro continuo de energía. Además, representan una
solución estratégica para alcanzar el 100% de electrificación en México, especialmente en zonas
rurales y aisladas donde la expansión de la red eléctrica no es viable en el corto plazo.
Los avances tecnológicos recientes han potenciado la eficiencia y sostenibilidad de las
microrredes
en varias áreas clave:
Referencias