Curación de heridas a través del uso de nanomateriales de
carbono
Mtra. Rosa Bonilla
Peregrino
Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico en Electroquímica
Dra. Beatriz Liliana España
Sánchez
Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico en Electroquímica
Resumen
La piel es el órgano más grande del cuerpo humano y actúa como una barrera natural que nos protege de microorganismos como bacterias y virus. Sin embargo, cuando se producen lesiones o heridas, esta protección se debilita y aumenta el riesgo de infección. En la búsqueda de nuevas estrategias para mejorar la cicatrización, la nanotecnología —una rama de la ciencia que estudia materiales extremadamente pequeños, miles de veces más delgados que un cabello humano— ha abierto posibilidades prometedoras. Este artículo explica de manera clara cómo ocurre el proceso natural de curación de una herida y cómo los nanomateriales de carbono, diminutas estructuras formadas por átomos de carbono, pueden ayudar a acelerarlo. Gracias a sus propiedades antibacterianas y a su capacidad para interactuar con las células del cuerpo, estos materiales pueden mantener la herida libre de microorganismos y favorecer la regeneración del tejido. Comprender estas innovaciones científicas no solo amplía nuestro conocimiento sobre la cicatrización, sino que también contribuye al desarrollo de tratamientos más eficaces para heridas comunes y crónicas, con posibles beneficios para la salud y la calidad de vida de muchas personas.La piel es nuestro escudo en la batalla contra los microbios
La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo y nos protege de la entrada de microorganismos
patógenos, como bacterias y virus [1], [2]. La piel se compone de tres capas conocidas como
epidermis, dermis e hipodermis. La epidermis es una capa delgada y externa que interactúa con el
ambiente. La dermis es una capa interna de mayor grosor, mientras que la hipodermis es una capa
inferior compuesta principalmente de tejido graso (Figura 1).
Al ser una barrera protectora, la piel es susceptible de sufrir daños por factores externos
que
pueden ocasionar lesiones de distintos niveles de gravedad y diferentes tiempos de curación [3].
Estas lesiones comúnmente se conocen como heridas. Para fines prácticos, las heridas se han
clasificado en función del tiempo de cicatrización en heridas agudas y crónicas [4].
Las heridas agudas tienden a curarse dentro de un periodo aproximado de dos semanas. En
cambio, en
las heridas crónicas el tiempo de curación puede exceder las seis semanas. Enfermedades como la
diabetes, las afecciones autoinmunes y algunas infecciones suelen complicar el proceso de curación y
aumentar los tiempos de recuperación, lo que a largo plazo puede comprometer la salud.

Cuando se produce una herida, el tejido de la piel se daña en mayor o menor medida y queda expuesto a
bacterias patógenas que pueden causar infecciones y malestares en el sitio afectado [4]. No
obstante, el cuerpo humano posee un complejo mecanismo de reparación que se activa inmediatamente
después de la lesión.
El proceso de curación de una herida implica una serie de fases coordinadas que trabajan
juntas para reparar y restaurar el tejido dañado. Entre estas fases se encuentran la hemostasia, la
inflamación, la proliferación y la remodelación. Sin embargo, este proceso puede variar dependiendo
del estado de salud de la persona y de la gravedad de la herida.
I. Hemostasia
La hemostasia es la primera fase del proceso de curación y se encarga de detener el sangrado
de los vasos sanguíneos abiertos por la herida mediante un proceso conocido como coagulación
sanguínea. Para lograrlo, los vasos sanguíneos lesionados se contraen rápidamente y las plaquetas,
junto con otras sustancias presentes en la sangre, forman un coágulo que previene el sangrado
excesivo y sella temporalmente la herida para evitar la contaminación del medio exterior [1],
[3]–[5].
II. Inflamación
La inflamación es la fase que sigue a la hemostasia. En esta etapa se limpia y prepara la
zona de la herida mediante la acción de diversas células del sistema inmunológico presentes en la
sangre, como los glóbulos blancos o leucocitos, entre ellos los neutrófilos y los macrófagos. Estas
células eliminan restos de células muertas, cuerpos extraños y microorganismos, evitando infecciones
que podrían interferir con el proceso de curación [1], [4], [5].
III. Proliferación
La proliferación es la tercera fase del proceso de curación y consiste en la restauración
celular, es decir, la generación de nuevo tejido que reemplaza al tejido dañado o perdido. Células
especializadas de la piel, como los queratinocitos y los fibroblastos, producen colágeno y otras
sustancias que rellenan el espacio de la herida.
Durante esta fase también ocurre la angiogénesis, que es el proceso mediante el cual se
forman nuevos vasos sanguíneos para reemplazar a los que resultaron dañados [1], [3]. Los vasos
sanguíneos son conductos por los cuales circula la sangre y permiten transportar oxígeno y
nutrientes hacia el tejido en proceso de reparación [1], [4], [5].
IV. Remodelación
a remodelación es la última fase del proceso de cicatrización. En esta etapa, el tejido
nuevo que se formó durante la fase de proliferación se reorganiza gradualmente para asemejarse lo
más posible al tejido original [3]. Este proceso suele comenzar aproximadamente tres semanas después
de la lesión y puede prolongarse hasta por un año [1], [4], [5].
Curación de heridas utilizando nanomateriales de carbono
En la actualidad existen avances importantes en las investigaciones médicas orientadas a mejorar la
curación de heridas. Sin embargo, las heridas crónicas, como las que se presentan en personas con
diabetes o en casos de quemaduras [6], siguen representando un reto para la medicina.
Además, estas heridas suelen ser más susceptibles a infecciones, lo que complica el proceso
de recuperación, prolonga el tiempo de reparación y aumenta los costos de tratamiento.
¿Qué son las nanoestructuras de carbono?
Las nanoestructuras de carbono son un tipo de nanomaterial formado principalmente por átomos
de
carbono. Estas estructuras se encuentran a escala nanométrica (una millonésima parte de un
milímetro) y pueden adquirir funciones específicas cuando se modifican mediante la incorporación de
grupos químicos en su superficie [5].
En el contexto de la curación de heridas, estas nanoestructuras han despertado un gran
interés en la
comunidad científica debido a sus propiedades de biocompatibilidad, actividad antibacteriana y
capacidad para promover la regeneración del tejido.
La biocompatibilidad significa que estos materiales pueden interactuar con las
células del
cuerpo
sin causar efectos tóxicos ni provocar rechazo [4], [7], [8]. Además, los materiales a nanoescala
poseen la capacidad de eliminar bacterias que causan infecciones [5], [8]–[10], por lo que pueden
contribuir a prevenir infecciones en heridas.
El pequeño tamaño de las nanoestructuras de carbono también les permite ingresar al interior
de las
células presentes en el sitio de la herida mediante un proceso llamado absorción celular, lo
que
facilita su interacción con el tejido dañado y potencia su efecto terapéutico [5], [7].
Asimismo, cuando estas estructuras se modifican con otros átomos o compuestos, pueden
adquirir
propiedades antioxidantes, que ayudan a proteger el tejido en proceso de curación del daño
causado
por moléculas altamente reactivas conocidas como radicales libres [5], [10] (Figura 2).

Efectos de las nanoestructuras de carbono en la curación de heridas
I. Hemostasia
Diversos estudios han demostrado que algunas nanoestructuras de carbono derivadas de plantas
medicinales pueden tener efectos positivos en la fase de hemostasia. Estas nanoestructuras pueden
activar las vías de coagulación y aumentar la actividad de las plaquetas, las células encargadas de
detener el sangrado, lo que favorece una coagulación más rápida [11], [12] (Figura 3).

II. Inflamación
Durante el proceso de curación de una herida, la fase de inflamación puede prolongarse
debido a diversas complicaciones, como infecciones bacterianas, lo que retrasa las etapas
posteriores del proceso de reparación. Una inflamación prolongada también puede provocar daño en los
tejidos y aumentar el riesgo de infección.
Las nanoestructuras de carbono pueden intervenir en los procesos inflamatorios [10], [13]
gracias a
sus propiedades antiinflamatorias y antimicrobianas, favoreciendo la regeneración del
tejido durante
la fase de proliferación y reduciendo el tiempo total de curación [5] (Figura 4).

III. Angiogénesis
Las nanoestructuras de carbono también pueden promover la formación de nuevos vasos
sanguíneos
mediante el proceso conocido como angiogénesis, al estimular la expresión de factores
biológicos que
activan este mecanismo [2], [5]. Esto mejora la circulación sanguínea en la zona afectada y favorece
el transporte de oxígeno y nutrientes hacia el sitio de la herida.
Como resultado, se estimula la formación de nuevo tejido y se reduce el riesgo de infección,
ya que
un mejor flujo sanguíneo facilita la llegada de células del sistema inmunológico que ayudan a
combatir bacterias (Figura 5).

Durante el proceso de curación de una herida, las células cercanas al borde de la lesión se activan y
se desplazan hacia el centro del daño. Este proceso se conoce como migración celular y es
fundamental para la formación de nuevo tejido.
Una vez en la herida, las células comienzan a dividirse. En cada división celular, una
célula genera
dos células hijas, lo que permite que el tejido se multiplique y cubra el área dañada.
Posteriormente, estas células adquieren funciones específicas mediante un proceso llamado
diferenciación celular. Un ejemplo de ello es la formación de queratinocitos y fibroblastos,
responsables de producir colágeno, un componente esencial para la reparación del tejido [1].
Las nanoestructuras de carbono poseen la capacidad de imitar el entorno natural de las
células [5].
Durante la migración celular, las células requieren una estructura de soporte llamada matriz
extracelular, que les permite desplazarse. Las nanoestructuras de carbono pueden actuar como puntos
de anclaje temporales que facilitan la adhesión y el movimiento celular.
Gracias a la textura y composición química de su superficie, estas nanoestructuras favorecen
la
migración celular en el sitio de la herida. De esta manera, apoyan la capacidad natural del
organismo para reparar los tejidos dañados y promueven una curación más rápida y eficaz.
Referencias